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La llama de la vida se apagó ayer para Fernando Leira Almagro, gijonés de 46 años afincado en Avilés. Una persona que demostró ser un luchador con mayúsculas cuando le tocó encarar los últimos años de su vida. Lo hizo sin perder la sonrisa a pesar de tener que hacer frente a los rigores de una enfermedad tan cruel como la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Hoy, a la una, será incinerado en el Tanatorio de Avilés, donde descansan sus restos mortales.

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